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Se unieron por su pueblo arrasado por el fuego y lograron empezar a recuperar los cerros quemados

Sufrieron el incendio del pueblo que habitaban, cinco años atrás. Y se unieron para recuperar la riqueza natural del lugar. Un objetivo que las mantiene unidas a largo plazo: serán más de 20 años para ver resultados en la tarea de remediación de suelos y la flora del monte.

En 2019, un incendio dañó a la villa de Potrerillos, un bonito pueblo turístico de la precordillera de Los Andes, a 50 kilómetros de la ciudad de Mendoza.

Fue la noche del 20 de julio, Día del Amigo, cuando el fuego destruyó más de 20 casas y cabañas y arrasó con la vegetación de tres cerros en los distritos de Valle del Sol y Las Vegas, en la principal localidad turística de Luján de Cuyo, Mendoza.

El desastre comenzó con un fuerte Zonda, viento norte con ráfagas calientes, típico de la cordillera. Hubo cientos de árboles caídos, varias viviendas incendiadas y los pobladores, tuvieron que ser evacuados.

«El incendio generó en la comunidad un encuentro. Empezamos a trabajar para cuidar nuestro entorno, para que los turistas que llegaban a Potrerillos, no hicieran fuego, menos con Zonda», explica Evangelina, una de las guardianas del monte.

Crearon el colectivo Sumá Nativas. Junto a las mujeres del pueblo, trabajaron investigadoras de Conicet, profesionales y estudiantes de la carrera de Ingeniería en Recursos Naturales de la Universidad Nacional de Cuyo.

Maria Emilia Fernández fue una de las ingenieras que participó de la creación de Sumá Nativas. «Hubo muy buena aceptación a nivel comunidad, realizamos talleres, campamentos y salidas para remediar el suelo y replantar», destaca la investigadora.

Empleadas, estudiantes y amas de casa, este grupo de mujeres decidió actuar para recuperar los cerros incendiados de la cuenca Alta del Río Mendoza.

Para cumplir el objetivo, contaron con la supervisión del Conicet y el financiamiento de una propuesta de conservación de la Cervecería y Maltería Quilmes.

El grupo, integrado por 20 mujeres, creó el primer taller y vivero comunitario que comenzó a funcionar en febrero de 2021. Tres años después, cinco de ellas han logrado que sea un proyecto autosustentable y un medio de ingresos económicos para sus familias.

El vivero comunitario Rústica fue construido en un terreno del Club Social El Plata, en la villa de las Vegas, en Luján de Cuyo. Las mujeres producen y venden plantas nativas para impulsar el desarrollo de la economía local.

Las mujeres trabajando en el vivero. Las mujeres trabajando en el vivero. En ese espacio, tipo invernadero, continúa la producción de plantas nativas. Algunas de las especies que cultivan son algarrobo, romerillo, melosa, y leña amarilla. Tienen cerca de 3.000 plantines.

Salvar el monte

El proyecto de remediación de los cerros demandará más de 20 años para ver los primeros resultados. Abarcan 15 hectáreas, con tareas de plantación de especies nativas, y control de erosión y de especies exóticas.

«Además de recuperar lo que se quemó en el incendio de 2019, hemos ido trabajando en la problemática de las especias invasoras, como la rosa mosqueta», dice la ingeniera del Conicet.

Trabajan en educación ambiental con la comunidad para evitar que el fuego llegue a la zona. Un grupo de vecinos creó el cuartel de Bomberos de Potrerillos, después del incendio de 2019.

«Es una zona que ha sufrido años de sequía por el cambio climático. A lo que se han sumado, recurrentes episodios de Viento Zonda», describe la ingeniera Emilia Fernández.

Hay un punto específico donde puede verse el daño que han sufrido los montes: «Si alguien se para frente a la iglesia del Valle del Sol, puede ver la vegetación verde oscuro de un lado. Y, del otro lado, todo el campo de color amarillo», dice la investigadora mendocina.

Los pastos que ya comenzaron a crecer en los cerros arrasados por el fuego. Los pastos que ya comenzaron a crecer en los cerros arrasados por el fuego. Cinco años después del incendio, las plantas que han podido brotar son las gramiñas. También salieron los pastos y los arbustos, como las jarillas y los molles, pero su crecimiento es muy lento.

Fernández calcula que llevará tiempo volver el terreno a su estado original. Pero, aclara: «Nunca volverá a estar igual que antes del incendio».

Las guardianas

El proyecto Sumá Nativas ha seguido trabajando y buscando otros financiamientos. «Sentimos un compromiso muy grande con la comunidad, y queremos continuar con esta tarea», dice Evangelina, una de las administradoras de Rústica.

El equipo del vivero se completa con María Sol, Macarena, Ludmila y María Emilia. Juntas apuestan a la conservación y preservación de la flora autóctona, y de sus propiedades para el uso medicinal.

Las mujeres del vivero realizan el monitoreo de las nuevas plantas, colocadas en 2021 y 2022. Quieren priorizar las especies que mejor se adaptaron y volver a replantar. «Eran unas 3.000 plantas, pero hubo cierta mortandad porque algunas especies, como la melosa, no se dieron», explican.

Producen plantas nativas de altura, y otras plantas xerófilas, que requieren de poca agua para subsistir. «Hacemos el proceso de cosecha de semilla, siembra y la venta«, dice Evangelina. Y pide difundir el teléfono del vivero para los interesados en comprar plantas xerófilas (+542615036114).

«Trabajamos de a dos y, una vez por semana, tenemos un encuentro colectivo. Le vendemos a turistas, a vecinos, y a paisajistas que llegan hasta el vivero porque hay una tendencia de empezar a incorporar jardines xerófilos», cuenta Evangelina.

También se acercan a los márgenes del río y los arroyos, para hablar con los turistas y evitar que dejan la basura desparramada o defequen en los cauces de agua de deshielo.

En temporada alta, los visitantes triplican la población de Potrerillos. «Les explicamos que no deben contaminar. Es un compromiso asumido con el espacio que habitamos», remarcan las guardianas.

El Río Mendoza es una de las principales fuentes hidrográficas del país, y la cuenca del río es proveedora de servicios imprescindibles para la región: agua para consumo humano, riego, energía, refugio para la biodiversidad y turismo. El cambio climático, la mala planificación y el crecimiento demográfico afectan la cantidad y calidad de agua para todos los usos.

En 2020, Quilmes desarrolló en articulación con el sector público y la comunidad, el Fondo de Agua del Río Mendoza, el primero de Argentina, que busca contribuir a la seguridad hídrica y al manejo sustentable de la cuenca. Desde 2018, la compañía lleva invertidos 600 mil dólares en iniciativas de seguridad hídrica en Mendoza, entre las que se cuenta Sumá Nativas. «Es urgente seguir desarrollando soluciones para recuperar el equilibrio de la cuenca que abastece a más de un millón de mendocinos», planteó Vanesa Vázquez, gerenta de Impacto Positivo y Sustentabilidad.

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