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Vox aplaza el debate interno tras el 23J y se prepara para una estrategia dura del PP

Vox perdió en las elecciones generales del 23 de julio 600.000 votos y 19 escaños, pero sus principales dirigentes evitan hacer autocrítica públicamente y culpan al PP por su estrategia de voto útil. Un llamamiento que, a su juicio, impidió la suma en la derecha. La posición del partido de Santiago Abascal es que consiguieron resistir manteniendo la tercera posición por delante de Sumar, tres millones de electores y superando la barrera de los 30 diputados (tuvieron 32). Pero ni fueron decisivos para el PP, ni tendrán gran capacidad como oposición en el Congreso. Ni siquiera podrán ya presentar recursos al Tribunal Constitucional por libre, algo que ha formado parte de su estrategia toda la pasada legislatura.

Abascal aseguró esta semana en una entrevista con la ‘Agencia Efe’ que la autocrítica en su formación “se hace de puertas para adentro, que bastante nos la hacen fuera” e identificó como principal problema del proceso electoral “que hubiera estado dirigido por las encuestadoras”. Sin embargo, hay dirigentes que entienden que antes o después tendrán que hacer una reflexión profunda. Es probable que con la vuelta del verano.

Vox confía en su suelo de electores, dando por hecho que esos tres millones serían leales incluso si se repiten elecciones. El PP, que intenta recuperarse de un profundo ‘shock’ por su victoria del todo insuficiente, anticipa una estrategia muy dura contra el partido de extrema derecha, convencido de que mientras exista será muy difícil volver a gobernar. Juan Manuel Moreno abrió la veda hace unos días desde el Parlamento andaluz con un durísimo alegato.

Las comparaciones con la última mayoría absoluta de Mariano Rajoy son constantes: el voto de la derecha el 23J entre los dos partidos fue incluso superior a la que necesitó el expresidente del PP para tener un gobierno en solitario. “Vox nos ha penalizado en más de diez provincias”, repiten una y otra vez en Génova, echando en cara a los de Abascal haber contribuido a la continuidad de Sánchez en la Moncloa.

Nadie en el partido duda del liderazgo de Abascal. Al contrario. Si en algo coinciden todos los cargos de distintos niveles es que “el ochenta por ciento del partido” es el jefe de filas, y que su popularidad interna y externa (con los electores) es la principal baza que tienen las siglas de Vox. Sin embargo, sí existen dudas sobre el núcleo duro que le acompaña

Un grupo de asesores, desconocidos para el público general, y que no solo está constituido por Kiko Méndez Monasterio (gurú ideológico de la formación) o Enrique Cabanas, persona de la total confianza de Abascal desde que creó la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) en 2006. Hay más nombres, pero ninguno de ellos está en las instituciones ni en la primera línea, a pesar de que son quienes toman las grandes decisiones del partido.

Por otro lado, la negociación con el PP tras el 28M en los pactos dio protagonismo a algunos dirigentes como el vicepresidente de acción política, portavoz y eurodiputado, Jorge Buxadé. Fuentes cercanas al dirigente aseguran que está desarrollando “una agenda propia” al margen de la del partido y algunos cargos señalan su ambición por seguir creciendo internamente. Fue el dirigente que se desplazó a la mayoría de territorios.

El secretario general y líder en Cataluña, Ignacio Garriga, también ha sido clave en la última campaña, pero siempre a la sombra del propio Abascal. Otro dirigente que destaca es Iván Espinosa de los Monteros, a quien se le presupone defender una corriente más liberal frente la ultracatólica de Buxadé, a pesar de que él nunca lo ha manifestado públicamente. También ha tenido mucho foco durante la campaña, pero desde la dirección nacional no se le ha promocionado. Su principal aval es haber estado al frente del grupo parlamentario del Congreso los últimos años, como portavoz en la Cámara Baja y como líder ‘in pectore’ de los parlamentarios. Muchos diputados consideran que la relevancia del partido en las instituciones de la mano ha ido de la mano de su gestión. En el debate a siete de RTVE en la campaña también acaparó protagonismo.

Los errores y la reflexión

En Vox hay dirigentes que reconocen “muchos fallos” a la hora de explicar su propuesta política. En su opinión, la falta de entrevistas en medios de comunicación y la ausencia de pedagogía tras los pactos autonómicos y locales con los populares “han alimentado el miedo” hacia su formación, “comprando el marco impuesto desde la izquierda y parte del PP”. 

Rechazan, eso sí, que pueda considerarse un retroceso su programa electoral, crítico con el Estado de las autonomías, la descentralización de competencias, la derogación de lo que llaman “políticas de género”, los avances para el colectivo LGTBI o la enmienda a consensos básicos en política exterior. 

En el PP, sin embargo, tienen ya medido que el efecto miedo a Vox fue lo que funcionó al PSOE, sumando un millón de votos con respecto a las anteriores elecciones. La extrema derecha no se caracteriza por haber abierto debates internos desde que saltó al panorama nacional. Quizá lo único que les hizo reflexionar fue el chasco tan enorme de la candidatura de Macarena Olona en las pasadas andaluzas.

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